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El Baile del Agradecimiento?

Me resulto muy interesante ver este video en youtube

Por lo tanto queria compartirlo contigo.

Sera un baile de agradecimiento?

Es maravilloso ver como en distintos lugares, con diferentes culturas, climas e idiomas se puede coordinar algo tan hermoso como un baile.

Espero que lo disfrutes!

Tomalo como un elemento de autoayuda para poder ayudar y autoayuda rnos a mejorar nuestra calidad de vida

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Muchisimas Gracias Por Agradecer!!!
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Si no quieres que ocurra, trata de no pensar en ello

Muchas veces nos preguntamos porque ocurre justo lo contrario a lo que no queremos que pase.

Segun Benedict Carey, Los impulsos perversos parecen aparecer cuando las personas se concentran intensamente en evitar errores específicos o tabúes. La teoría es simple: para evitar insultar a un colega, el cerebro primero tiene que estar pensando en esto; la misma presencia del insulto catastrófico, a su vez incrementa las posibilidades de que lo digamos.

La evidencia empírica de esta influencia se ha reunido durante los años recientes, como el doctor Wegner documentó en su nuevo trabajo. En el laboratorio, los psicólogos tienen personas que tratan de desterrar un pensamiento de su mente y encuentran que éste vuelve, alrededor de una vez por minuto. De igual manera, a las personas que tratan de no pensar en cierta palabra se les escapa durante un test rápido de asociación de palabras.

Incluso los “errores irónicos”, como los llama Wegner, son muy fáciles de evocar en el mundo real. Hay estudios que muestran que los golfistas que saben que deben evitar errores específicos los hacen más cuando están bajo presión.

Los esfuerzos por ser políticamente correctos pueden ser particularmente traicioneros. En un estudio de investigadores de las universidades Northwestern y Lehigh, 73 estudiantes leían una historieta sobre un compañero ficticio, Donald, un hombre negro, en la que se lo describía de manera ambigua. Después, tenía que responder preguntas acerca del personaje. Un grupo trataba de evitar caer en estereotipos y el otro no se controlaba.

El estudio proveyó “una demostración de que la supresión de estereotipos hace que estos se vuelvan hiperaccesibles”, concluyeron los autores.

El riesgo de decir o hacer algo que no queremos depende del estrés que experimentamos, según Wegner. Al concentrarnos intensamente en no mirar fijo un lunar prominente de un nuevo conocido, al tratar de seguir una conversación, aumenta el riesgo de decir: “Leímos sobre el lunar -es decir, sobre la Luna. ¡Luna!”

“Hay cierto alivio en que pase lo peor, para no tener que seguir preocupándonos más”, explica Wegner.

Algo que puede ser difícil de explicar, claro, si uno acaba de arruinar la fiesta.
Si quieres puedes leer el articulo completo del Diario La Nacion

Agradecer y aplicar algunas herramientas de autoayuda nos ayudan a desterrar esos pensamientos que nos atormentan.
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Un nuevo enfoque de la Compasion para tu Vida

Un buen número de personas transita por la vida con pesadas mochilas emocionales. Es una ingrata receta que combina dos ingredientes igualmente negativos: una permanente sensación de vergüenza y el aguijón punzante de la autocrítica. El resultado es gente con enormes dificultades para ser amable consigo misma y que, en la dureza con la que se trata, encuentra serios problemas para tolerar el malestar e ingeniárselas, aun en momentos difíciles o de estrés, para encontrar sensaciones de tranquilidad, calma, reaseguro.

El drama suele beber de las aguas del abuso, maltrato, negligencia o falta de afecto en la infancia, que ocurren en familias de todo tipo y que no necesariamente deben producir mucho ruido para dejar consecuencias. Cuando el lugar y los seres en teoría más confiables han resultado más amenazantes que contenedores, tanto el mundo externo como el interno se procesan como hostiles.

Para aquellos que luchan contra su corrosivo crítico interior y tienen gran dificultad para reconocer que necesitan ayuda, envueltos como están en un círculo de vergüenza interna (por lo que piensan y sienten de sí mismos) y externa (por lo que piensan y sienten que los otros piensan y sienten acerca de ellos), el psicoterapeuta inglés Paul Gilbert, profesor de psicología clínica de la Universidad de Derby, Reino Unido, desarrolló la terapia centrada en la compasión, que incorpora elementos del budismo y de las neurociencias.

El concepto, según dice el psicoterapeuta inglés, nada tiene que ver con la tan mentada autoestima que ha venido de la mano de muchos manuales de autoayuda, ligada con una visión egocéntrica y narcisista, que tiende a establecer diferencias sociales o económicas con los otros. Tampoco se vincula con el sentir lástima por uno mismo. La compasión se refiere a la humanidad que tenemos en común con todos los seres del planeta. “El Dalai Lama dice que, si queremos que los demás sean felices y también ser felices nosotros, nos focalicemos en la compasión”, explica Paul Gilbert.

La compasión se vincula con algunos preceptos del budismo, en tanto supone una mirada de recogimiento y amabilidad sobre el propio sufrimiento y el sufrimiento ajeno, y ser compasivos ofrece la posibilidad de sentirse (y ya no meramente de “saberse”) parte del mundo y actuar en consecuencia, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, con el objetivo de disminuir ese dolor.

Gilbert dirige la Compassion Mind Foundation ( www.compassionatemind.co.uk ) en Derby, con el objetivo de estudiar científicamente el poder de la compasión. A través de resonancias magnéticas, se ha verificado que durante la meditación es posible llegar a estados de “compasión pura” (ser algo así como “uno con el universo”) y que en esos trances se activan zonas del cerebro prefrontal izquierdo, que contiene redes neurales vinculadas con la empatía, el amor maternal y una mayor conexión entre pensamientos y sentimientos, al mismo tiempo que se aquieta la actividad del lóbulo prefrontal derecho, conectado con estados de ánimo más negativos.

“Un vez que la persona entendió que sus síntomas y dificultades no son otra cosa que estrategias adaptativas (por ejemplo, sufrir un trastorno alimentario buscando ilusoriamente confort emocional en momentos de gran angustia) -explica Gilbert-, y que puede dejar de criticarse y de culparse todo el tiempo por sus ideas y sentimientos, está más libre para comprender su situación real y manejarla.”

La compasión, así como la crueldad, dice Gilbert, son, más que sentimientos, formas de organización de nuestras mentes. La buena noticia es que es posible pasar de la crueldad a la compasión mediante técnicas de entrenamiento para trabajar la atención, el pensamiento, los sentimientos, la imaginación y el comportamiento desde una perspectiva compasiva y construir esas redes neurales vinculadas a la autoregulación de estados de tranquilidad, calma, seguridad, calidez.

El método propuesto por Gilbert se recomienda en cuadros que tengan como síntomas cardinales la vergüenza y la autocrítica: depresión, trastornos de ansiedad y alimentarios. También se ha probado en secuelas postraumáticas y en psicosis.

“Hay varios niveles de compasión -describe Gilbert-. Uno, la compasión que sentimos de parte de los demás hacia nosotros; otro, la compasión que tenemos hacia los otros y, finalmente, la compasión hacia nosotros mismos. Cada una puede desarrollarse con distintas prácticas. Por ejemplo, podemos imaginarnos a nosotros mismos como personas compasivas, pensando cómo somos cuando somos lo mejor que podemos ser. Aprendemos a prestar atención a esas cualidades interiores y a tratar de vivir según ellas cada día. Otra práctica que ayuda a sentir la compasión de parte de los otros es trabajar con imágenes. Aquí, las personas se concentran en una figura compasiva a la que dotan de sabiduría, fuerza, calidez, y que es capaz de confortarnos en los momentos de mayor crisis e inseguridad, pero sin juzgarnos.”

Si quieres leer la nota completa de Gabriela Navarra del diario La Nacion, ve a http://www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1149320